No tiene nada que ver con las cumbres suizas en las que el pintor aleman Friedrich situó a su caminante, pero uno, a veces, puede abstraerse de la ciudad, alejarse de ella sin poder abandonarla, pasear por las nubes y perderse en la contemplación de lo efímero o en la búsqueda de lo eterno. Somos caminantes sin estar seguros de estar avanzando, nos marcamos un rumbo y dudamos de que sea el acertado. Al final, solo hemos salido a dar una vuelta, un giro, un interrogante.viernes, 10 de octubre de 2008
EL CAMINANTE SOBRE EL MAR DE NUBES
No tiene nada que ver con las cumbres suizas en las que el pintor aleman Friedrich situó a su caminante, pero uno, a veces, puede abstraerse de la ciudad, alejarse de ella sin poder abandonarla, pasear por las nubes y perderse en la contemplación de lo efímero o en la búsqueda de lo eterno. Somos caminantes sin estar seguros de estar avanzando, nos marcamos un rumbo y dudamos de que sea el acertado. Al final, solo hemos salido a dar una vuelta, un giro, un interrogante.
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