miércoles, 2 de septiembre de 2009

SOROLLA EN EL PRADO



Se me puede tachar de ecléctico, pero reivindico radicalmente la libertad a la hora de la creación o la "recepción" artísticas, fuera de modas y del eterno péndulo en los gustos artísticos. Además, uno que tiene cierta alma quijotesca, siempre ha estado en contra de todas las inquisiciones, en lucha contra todo lo establecido. Cuando la Institución del buen gusto establecido se enfrenta a las Vanguardias, hay que estar con las vanguardias, aunque no todo lo que pretende innovar tiene que tener calidad (el tiempo deja en evidencia cuáles son los buenos vinos). Cuando se institucionalizan las vanguardias y lo "contemporáneo", cuando se arremete contra lo que tiene éxito popular, por el hecho de tenerlo y se maquina, programa, organiza y subvenciona para que tenga éxito lo que a nadie gusta, lo maldito... pues no dejamos de repetir la misma historia inquisitorial y mercantil de siempre, pero al revés, con un pretendido baño de modernidad.
Digo ésto porque tan injusta y miope me parece la incomprensión que sufrió Van Gogh o los Impresionistas por la crítica de su época, como el menosprecio posterior a los artistas que en su época fueron reconocidos e, incluso, populares, como es el caso de Sorolla.
Antón Pavlovich Chéjov decía que "La obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan". A mí ,que puedo gozar, sin prejuicios, de una buena música clásica, rock, jazz, folk o flamenca, siempre que me toque el alma, de igual manera me atrae una obra artística, independientemente de su adscripción a una escuela u otra, a un estilo u otro: sea abstracta o figurativa, clásica o moderna, vanguardista o tradicional.
A Joaquín Sorolla, el pintor español de mayor proyección internacional de su época, no se le ha perdonado que no fuese un maldito, un incomprendido, un artista minoritario... Se ha visto su éxito popular como una prueba de su escaso interés para la crítica de la pintura contemporánea.
Por eso es un placer que el Museo del Prado haya organizado esta enorme e histórica exposición del gran Maestro de la luz mediterránea y, con ello paliar la deuda que se tenía con quien considero, fuera de prejuicios miopes, un gigante de la pintura, cuya figura no dejará de crecer ante la criba de la historia.
He ido varias veces a la Casa Museo de Sorolla en Madrid, cuya visita recomiendo encarecidamente, no he faltado a varias exposiciones itinerantes que se han hecho con sus obras por España, alguna de ellas aquí en Murcia, y, ahora, al visitar esta del Prado, he de confesar que he sucumbido, abrumado, ante el disfrute de cada una de sus pinceladas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estupendo el paralelismo que has puesto entre estos niños en el agua de Sorolla y tu cuadro de los bañistas... "Se te ve el pincel", bonito homenaje a D. Joaquín.